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Guillermo Cides, músico
Un exiliado artístico

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Haga click aquí para ver la foto ampliada Pablo Zamora / EL POPULAR

"No me considero un emigrado, soy un exiliado artístico". Con esta cruda definición, Guillermo Cides intenta transmitir desde España una sensación que va más allá de la crisis económica que sufrimos los argentinos. "Si pudiese elegir, elegiría vivir en Argentina. Pero la ausencia de criterio de los gobernantes respecto del trato a sus artistas en estos últimos 20 años me terminaron de cansar. Es como decidir pintar paredes, pero la política de los que debieran apoyarte es que las paredes no se pinten o que las pinte cualquiera y por poco dinero. Estoy seguro de que un pintor buscaría paredes nuevas para pintar. Eso he hecho, en contra de mi voluntad. Al principio estaba 5 meses en España y el resto en Argentina. Ahora sólo un par de meses por año voy para allá".

Así fundamenta su propia definición, a través del correo electrónico, este joven de 35 años "nacido en Córdoba, jugado en Pehuajó y Cutral Có, adolecido en Olavarría, universitado en La Plata como posible médico, decidido a la música en Buenos Aires, viajado a otros países de Europa y América, y radicado en España desde hace algunos años".

Es imposible en Olavarría, en Buenos Aires, en Barcelona o en Amsterdam, separar a Guillermo Cides del stick. Es que, desde hace varios años, viven prácticamente el uno para el otro. El músico, porque encontró en el instrumento un canal de expresión que le ofrece múltiples posibilidades. El instrumento, porque se entregó a un músico que supo descubrirle más secretos que el mismísimo Emmet Chapman, el californiano que en los años sesenta inventó este palo ancho (hecho de un trozo de madera maciza o de grafito, con un clavijero triangular y 25 trastes) con diez cuerdas de guitarra y bajo eléctricos que, al combinarse por percusión de los dedos contra el diapasón, abren una amplísima gama de posibilidades.

La relación entre el "Negro" Cides y el stick dejó varios frutos: tres discos ("El mundo interior de los planetas", "Primitivo" y "Tributo a Bach"), giras por Argentina y el exterior, un centro de stickistas en Buenos Aires y otro en España (foto), producciones de eventos relacionados con el instrumento y muchas cosas más, como haber compartido grandes escenarios con artistas como Roger Hodgson, Rick Wakeman o Emmerson, Lake and Palmer.

Antes de sentirse deslumbrado por el stick, Guillermo era un chico inquieto que ya tenía inclinaciones artísticas mientras realizaba expediciones al arroyo Tapalqué con los amigos del barrio frente al Club Racing de Olavarría. Que más tarde se acentuaron, recuerda, en las horas libres del ex Colegio Nacional con guitarra en mano, y en los conciertos en el Teatro Municipal donde comenzó por primera vez a presentar sus canciones en "público, por llamar de alguna manera a los amigos que me alentaban".

Guille no recuerda muy bien cuándo descubrió su inclinación por la música. Sí guarda en la memoria a su maestra de Música de la primaria diciéndole: "¡qué buen oído que tenés!". Pero en aquel tiempo él no comprendía lo que eso significaba. "Ella veía algo que yo no. Con el tiempo comprendí que escuchar una nota y reproducirla igual con tu voz se llamaba 'afinación'. Pero entonces yo creía que esto era una capacidad de todos. Era como ver el color verde, hasta que un día descubres que otras personas lo ven verde azulado, amarillo o hasta rojo".

Ahora sí tiene muy claro que la música es "una combinación de espíritu y matemática, pragmatismo y pasión". Y que existen dos grandes responsables para que él ocupe hoy el lugar en donde está: "tengo la pasión de mi viejo y la claridad de mi madre. Un músico demasiado pasional puede sonar tan sobrecargado como un músico matemático insistiendo con intrincadas y complejas melodías. Si a eso le agregamos el stick, la combinación es perfecta: matemática y pasión".

Antes de llegar a transformarse en un concertista de stick, Guillermo Cides atravesó distintas fases. Fue músico pop en los ochenta y rocker en los noventa, ya instalado en Buenos Aires, donde conoció el trasfondo de la música, los sórdidos bares porteños, el llamado "underground", el manejo de las compañías discográficas y una serie de información importantísima a la hora de embarcarse en su propio proyecto artístico.

Su primer stick lo compró con el sueldo que ganaba vendiendo juguetes en la calle, para la época de Navidad. Esa gran contradicción de intelectualidad y bajos fondos era interesante para él. Aprendió mucho. Y aún hoy intenta combinar ambas cosas. El pasado 20 de junio organizó el primer seminario de Stick en España. Fueron músicos de todas partes de Europa. Guillermo fue el organizador de una movida grande que concluyó con un concierto en las escalinatas de una antigua catedral romana en la ciudad de Tarragona, España. Nuevamente la contradicción: al mismo tiempo que organizaba el evento, era él mismo quien pintaba las paredes y arreglaba el calefón de la casa donde se iban a alojar los concurrentes al seminario.

"Tengo la sensación que desde que comencé esto siempre lo tomé como algo serio. Aún en mis más descontroladas noches de rocanrrol. Divertirse es algo serio. Pasé por esta etapa sin arrepentirme. Después tu rocanrrol cambia. Puede cambiar a otro tipo de energía. Se puede decir lo mismo sin hacerte daño. Aquí, en realidad, comenzó la mejor parte. Y coincidió que conocí el stick".

Guillermo Cides vive hoy en un campo, con un caballo, dos perros y un huerto hecho con sus propias manos. El paraje se llama Valls, está en la provincia de Tarragona, a una hora de Barcelona. Desde allí asegura que "España no es un paraíso. Es un país con algunas posibilidades más que Argentina". Desde allí, también, opina que le da pánico ver bajar de los aviones a quien emigra "con la idea de que todo ocurrirá apenas lleguen. Creo que el mejor intento es saber quién querés ser antes de ver qué podés ser. Sé que esto no es fácil, pero nadie dijo que lo sería".

Dice que extraña Argentina como cualquiera de nosotros lo haría. Pero el fuerte sentimiento no evita que siga con los pies sobre la tierra y amplíe un poco más su fundamento para sostener que es "un exiliado artístico". Entonces dice: "Creo que hay muchas maneras de hacer listas negras, y la ignorancia es una de ellas". El año pasado se hizo la semana de la música argentina en España, y a él ni lo llamaron para estar. "Me dolió aun sabiendo que mi prensa como artista argentino es una de las más activas aquí. En fin... no me detengo en mi camino independiente". Lo bien que hace.

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